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sábado, 27 de noviembre de 2010

Hansi, el fraude contra el cáncer que se trasladó a Mendoza




                          CRESCENTI, EL HOMBRE DE LA MÁS CARA DE PIEDRA



Uno de los tópicos más imperdonables en el mundo de los engaños, es el referido a la salud pública. El cinismo de quien lucra con la desesperación del prójimo es imposible de calificar y, de hecho, no existe un término puntual para hacerlo. Por caso, hablar de “estafa” suena a poco.
Los fraudes vinculados con la salud son los más fáciles de llevar a cabo, ya que juegan con la desesperación de aquellas personas aquejadas por la fragilidad de su propio estado físico o la de sus seres queridos. Esto, los vuelve vulnerables por demás. Acaso,¿quién no daría lo que no tiene para salvar su propia vida? ¿Cuánto más por lograr posponer la muerte de un ser amado?
Es por eso que, de las “pociones mágicas” que existen en mercado, las más cuestionables son las referidas a la cura del cáncer. Docenas de falsos tratamientos se han inventado en pos de generar dinero fácil a ese respecto: Crotoxina, Di Bella, ingesta de Gorgojos, etc. Sin embargo, ninguno de ellos logró superar las fases básicas del método científico.
En esa misma catalogación se puede ubicar a otro polémico tratamiento, el cual se ha vuelto relevante en los últimos años: Hansi, un supuesto activador del sistema inmune del organismo que permitiría curar enfermedades como cáncer, sida, artritis, reuma, asma, síndrome de fatiga crónica (sfc) y otras dolencias que tengan que ver con la disminución de las barreras inmunológicas.
El compuesto es puesto a la venta desde hace años por Ernesto Crescenti, un médico obstetra que posee una imponente clínica en el centro de la Ciudad de Buenos Aires y que gusta invertir miles de docenas de pesos en publicidad televisiva. La mejor descripción del producto que vende, lo da su propia página institucional: “Al inicio el Hansi se limitó al tratamiento de enfermedades oncológicas (cáncer), pero al actuar a nivel inmunológico y al equilibrar el sistema vital, se ha demostrado su utilidad en otras enfermedades como el Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida (Sida), el Síndrome de Fatiga Crónica, Alergias, Esclerosis Múltiple, Artritis Reumatoidea, Lupus, enfermedades virales como Hepatitis C, síntomas de disminución de la Líbido, trastornos de fertilidad, debilidad, astenia, desbalances hormonales y estados de pobreza vital ya que actúa como regenerante, estabilizador de la membrana celular y de la nutrición en el interior de la misma”.
Frente a semejante descripción, el producto se vuelve casi milagroso.

La historia detrás de Hansi

Hansi son las siglas de método “Homeopático Activador Natural del Sistema Inmune”, un “descubrimiento” realizado por el fitólogo argentino Juan Hirschmann junto a la ayuda del mencionado Crescenti.
Hirschmann asegura que, hace algo más de cuarenta y cinco años, descubrió una terapia con la que lograba disminuir —y en muchos casos desaparecer— tumoraciones de origen cancerígeno a través de un tratamiento vinculado a las plantas, en especial los "cactus". Las investigaciones avanzaron y —supuestamente— le permitieron comprobar su éxito en animales y, paulatinamente, en humanos.
Es bueno aclarar a esta altura que, según Hirschmann, los compuestos extraídos del cactus no actúan químicamente, sino “energéticamente”. El dato habla por sí mismo.
Otro dato: en los días en los que se hacía pública la aparición de Hansi, la Secretaría de Salud Pública advirtió que luego de analizar el producto no se encontró principio activo alguno, por lo cual nunca se sabrá el detalle de su formula ni cuál es su mecanismo de acción.
Para agregar más polémica, en el año 1993, el laboratorio Canovas afirmó que en realidad el Hansi estaba basado en un producto homeopático para tratamientos veterinarios, llamado Canovas 200, que había sido solicitado por Hirschmann “para dárselo a un amigo con cáncer”. Un producto que, según se desprende de los propios dichos del abogado de Canovas, “si se lo analiza sólo posee agua y alcohol”.
En ese mismo año —1993— se produjo una fractura entre Crescenti y Hirschmann: este último comenzó a sostener que el primero había modificado la fórmula original. A raíz de ello, cada uno decidió trabajar por separado.
De Hirschmann poco y nada se sabe en la actualidad; a Crescenti, por su parte, le fue muy bien: abrió una ostentosa clínica en una de las zonas más concurridas de la Ciudad de Buenos Aires y en los últimos tiempos comenzó a inaugurar sucursales a lo largo del país. A ese respecto, una de las que se destaca es la ubicada en la Ciudad de Mendoza, en la calle Perú 1136.


En realidad, un fiasco

Luego de estudios de todo tipo, lo único que ha quedado en claro respecto a sus acciones concretas sobre el organismo, es que Hansi produce diversas complicaciones, especialmente infecciosas: abscesos, empiemas y sepsis. También hematomas y dolor en el sitio de aplicación. Asimismo, se han cultivado frascos cerrados y abiertos encontrándose diferentes gérmenes, como Cándida Sp y Acinetobacter Sp.
Ernesto Gil Deza, destacado especialista en temas oncológicos, es uno de los mayores detractores de Hansi: “En uno de nuestros pacientes bajo este tratamiento observamos síndrome Cushing. También observamos progresión en la enfermedad hasta un estado de incurabilidad en dos casos de pacientes portadores de tumores potencialmente curables, quienes se negaron a recibir tratamientos convencionales. No hemos podido observar ningún beneficio objetivo relacionado con su administración cuando los pacientes recibieron solo Hansi”.
De manera similar, opinó oportunamente la American Cancer Society, una de las instituciones más prestigiosas a nivel mundial en todo lo que atañe a temas oncológicos: “Pruebas científicas disponibles no acreditan que Hansi sea eficaz en el tratamiento de cáncer o cualquier otra enfermedad. No hay estudios que prueben que este tratamiento se pueda encontrar en la Biblioteca Nacional de Medicina de la base de datos PubMed de artículos de revistas médicas”.
Hay más: la falta de efectividad del producto, llevó a que diversos damnificados crearan una página en Facebook llamada “El Dr. Ernesto Crescenti es un chanta y estafador”, desde donde intentan alertar sobre la cuestionable conducta del médico. Su presentación es más que elocuente: “Todos en contra de este chanta que engaña sin escrúpulos a la gente diciendo que ayuda a la curación del cáncer con tratamientos que nunca probaron su eficacia científicamente”.





Allí, los testimonios se multiplican. Uno de ellos asegura que “mi madre estuvo en tratamiento por aproximadamente 3 meses con éstas famosas gotitas, tiempo que según el tipo de cáncer que padecía mi madre (colon con metástasis en diferentes órganos) debería haber respondido. No fue así. En realidad es como si hubiese tomado 'gotitas de agua'. A pesar de que te indican que es un tratamiento 'complementario' de la terapia convencional que existe (rayos, quimio, etc..) al hacer la consulta te presentan casos con similitudes al tuyo y de personas que afirman que se curaron”.
Comentarios de ese tenor se reiteran por docenas, no sólo en el referido sitio de Facebook sino también a través de foros de Internet de diversa índole. Lo sorprendente es que, si bien algunos comentarios son anónimos, la mayoría de los que denuncian la impericia de Crescenti lo hacen con nombre y apellido.
En esos foros, suele recordarse algo que generó escándalo hace unos años: una serie de medicamentos Hansi resultaron “estar contaminados con gérmenes que conllevan un riesgo de muerte superior al 50 por ciento, según denunció la Defensoría del Pueblo de la Ciudad de Buenos Aires”.
Más claro, echarle agua (no mucha, por la crisis).

Concluyendo

Por lo aquí expuesto, Hansi no es justamente una disciplina que pueda encuadrarse dentro de los parámetros del método científico. Más bien parece sumarse a la larga lista de terapias alternativas que sólo han mostrado efectividad a la hora de quitarle ingentes cantidades de dinero a personas incautas.
Todo un síntoma.

Christian Sanz
Especial para MDZ On Line
Tomado de Tribuna de periodistas



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